La Ciudad Perdida



Sudando por el día y estornudando por la noche, atravesaron el tórrido desierto. Si hubieran escogido la ruta de los pozos de agua que marcaba el mapa que tenían hubieran sido asaltados por chacales, esclavistas, monstruos de arena y cosas más desagradables. Pero como potentados que eran, habían comprado todo el agua que les era necesaria y atravesaban el desierto en línea recta. Así, en lugar de 3 meses tardaban 1. No tuvieron más encuentros que una columna de fuego, a lo lejos, recién entrada la noche el primer día.

Después de una dura ascensión, llegaron a la Ciudad Perdida, o Nárzal, como descubrirían más adelante. La ciudad estaba en ruinas, deshabitada, sin animales, plantas ni agua (es que el bardo estaba bien informado). Pero todos sentían una presencia que les observaba, como ese lo alto. Entraron por la calle principal hasta la plaza mayor. Allí había una gran edificio intacto que ponía "Archivo de la Ciudad de Narzal", pero como ninguno sabía leer elfo y Marleck falló la tirada de leer lenguajes (recordemos que lo suyo es matar) se quedaron sin saber qué ponía.

Se encontraron a Mordamir, Nomis y a Arctostaphylos, y después de una presentación bastante desconfiada (en plan "si me tira un conjuro, le arreo un flechazo / si me dispara una flecha se come una bola de fuego") decidieron buscar todos juntos el templo de Sadrie. Entonces, sus carros-cuba reventaron con un bonito combar madera. Eran los cuatro aventureros de la posada, quienes habían descubierto que les habían robado la idea del templo de Sadrie. No querían competencia, así que les atacaron por sorpresa y lograron matar a Herkan antes de que murieran 3 de ellos. El cuarto miembro huyó, para resucitar a sus compañeros con la ayuda de Arctostaphylos y la promesa de no atacarles jamás.

Aún recuperándose de las heridas, con Mordamir raptado por el superviviente y con un Arctostaphylos sin conjuros de curación, fueron atacados por una horda de monstruos surgidos como de la nada. No murieron por un pelo aunque por la noche tuvieron pesadillas. Aquí se despiden Harkoon y Asgaard, quienes son despedazados cruelmente por el monstruo que habita la ciudad, cuando van a investigar por su cuenta (o no, quién sabe, al fin y al cabo son PJs).

Al día siguiente entraron en el edificio de Narzal, que no tenía más que una puerta. No podía afectarle magia alguna y cerca de la puerta habían diez golems de obsidiana a punto para machacarles los huesos. Marleck solucionó el problema al descubrir que tras arrojarles un lazo y tirarlos al suelo, los golems se ponían en pie y volvían a su pedestal. Así los destruyeron a todos, pero tardaron mucho, se puso el sol, y les atacó otra horda de monstruos. Al querer entrar a toda prisa, tropezaron con telarañas de cristal y sus propietarias la emprendieron a mordiscos con ellos, casi matando a los dos sacerdotes del grupo. Nomis lo impidió en un muestra pocas veces vista de valor y destreza.

Dentro del templo, pasaron dos días rebuscando entre los manuscritos, alguna referencia del templo de Sadrie. Por la noche seguían teniendo pesadillas, y un diario de un grupo de aventureros les previno de que las pesadillas podían ser mortales. Al final encuentran una referencia a Sadrie en un documento de vasallaje que fija el impuesto que debe pagar el templo a la ciudad de Nárzal. El documento describe la ruta, aunque es muy imprecisa. Por azar, descubren un pentágono de teleportación que debería llevarles a Sadrie. Pero algo falla y se desvían en el último momento, aterrizando en un camino lodoso.