Entrevista 02: Ralak y Pitopausia



El pasado mes de Mayo tuvimos una entrevista que es mejor olvidar. Hemos tenido serios problemas para poder hacerosla llegar. Se trata de dos personajes poco compatibles, que aún así comparten el camino del aventurero. Ambos vienen de Krynn, del continente de Ansalón. Son Ralak el bárbaro y Pitopausia el Kender, tal como prometimos el mes pasado. Vienen aquí después de una difícil misión de incursión en un campamento áuriak y rescate de un prisionero.

Querdelf: Bienvenidos a nuestra segunda entrevista. Este mes tenemos con nosotros a Ralak el bárbaro y a Pitopausia el kender. Bienvenidos.
Ralak y Pitopausia: Gracias.
Q: Esta pareja de aventureros se conoce desde hace bastante tiempo. ¿Pero cuánto tiempo aproximadamente?
R: Demasiado.
P: ¡Oh, no digas eso! Lo que pasa es que está un poco nervioso con todo esto del viaje planar. Tú tranquilo, Ralak, que yo responderé por ti.
(pausa)
Q: ¿Y bien?
P: Bueno, tienes que comprender que estar aquí, delante de tanta gente con sólo un taparrabos (señala a Ralak) pone nervioso a cualquiera. Imagina no poder guardar ninguna de las cosas interesantes de las que te encuentres.
R: Um (frunce el ceño).
Q: Yo me refería a cuánto hace que os conocéis.
P: Pues como decía Ralak, bastante tiempo.
Q: ¿Pero cuánto? ¿Seis años? ¿Ocho? ¿Cuatro?
P: Eh, sí, más o menos todos esos años. Porque yo recuerdo un invierno donde vi por primera vez un lago helado. Y otro invierno donde fuimos a patinar en un lago helado. Y al invierno siguiente, que no hacía mucho frío y estábamos patinando en el lago y yo enseñé a patinar el sobre hielo a Ralak. Y otro invierno, en el que Ralak quiso patinar por su cuenta y se partió el hielo bajo sus pies y quedó completamente calado y un poco más se nos muere.
R: Todo eso fue el mismo invierno. Y además, fue el mismo día.
P: ¡Vaya! Pues tienes razón. A veces la memoria te juega muy malas pasadas.
R: Anda, y ¿por qué no le cuentas cómo se rompió el hielo?
P: No sé qué insinúas. Sin duda el día era demasiado caluroso y el hielo demasiado delgado, tal como explicó nuestro mago. Así que no era probable que aguantase el peso de tus músculos.
R: Entonces, ¿por qué picabas el suelo con la punta de tu palito? (se refiere al hoopak)
P: Bueno, es que Sirta (el clérigo) decía que el hielo aguantaría bien nuestro peso, porque era lo suficientemente grueso.
R: Y eso justificó el que fueses haciendo pequeños agujeros por todo el lago con tu palito.
P: Me ofendes, Ralak. ¿Crees que voy a confiar en la palabra de un semielfo, por muy clérigo que sea, cuando es posible que uno de nosotros corra peligro? Que en una parte del lago el hielo sea grueso no quiere decir que en todo el lago lo sea. Todos esos agujeros eran realmente necesarios. Incluso tendría que haber hecho más en la zona donde estabas patinando, porque hubiese descubierto cual era el punto exacto donde había peligro.
Q (interviniendo ante el gesto de Ralak de desenfundar la espada): La anécdota es muy divertida sin duda... (mirada torva de Ralak al entrevistador) quizá no tan divertida, después de todo. Pero, Ralak, por favor, siéntate y respóndeme cuantos años hace que os conocéis, ya que Pitopausia no lo recuerda claramente.
R (sentándose): Eh... bueno, yo no cuento años. En mi tribu los guerreros cuentan a los enemigos vencidos. Contar lunas es para los venerables.
P: Lo que ocurre es que Ralak no sabe contar.
R: Eso no es cierto. Ya he dicho que cuento a los enemigos que venzo.
P: ¡Ah! Qué interesante. Bueno, si él lo dice...
R: No lo dudes. Por cada uno de ellos, tengo una muesca en mi espada. Eso le da poder al acero. (Enseña orgulloso su gran espada, repleta de pequeñas muescas)
P: Vale, vale. ¿Cuántas hay? Es decir, ¿a cuántos enemigos has vencido?
R (frunciendo el ceño): A muchos. ¿Es que no ves mi espada? (acerca amenazante la espada a escasos dedos del cuello del kender)
P: Ah, sí, ahora lo veo mejor, muchas gracias. Lo que no he oído cuántos.
R (retira la espada. Este gesto hubiese asustado a cualquiera, pero el kender no se ha inmutado lo más mínimo): No es el momento de contarlos aún. Eso lo haré cuando sea anciano. La juventud es para conseguir la gloria, y la vejez para hablar de ella.
P: Ah, qué sabias palabras, cómo me gusta viajar con este hombre.
Q: Bien, en estos X años que lleváis juntos, seguro que habéis vivido muchas aventuras que nos podríais contar...
P: Ah pues sí, claro que sí. Yo precisamente ahora recuerdo...
Q: ...desgraciadamente no tenemos todo el tiempo que quisiéramos para extendernos, por lo que (mirada de advertencia al kender) nos ajustaremos al guión.
P: Anda, pero si tienes guión y todo... precisamente yo también traía un guión por si acaso (revuelve sus saquillos hasta extraer un guión). Toma échale un vistazo.
Q (leyendo el guión): Pero... ¿cómo? Si este es mi guión que tenía hasta hace un momento en las manos...
P: Uy, menos mal que lo he encontrado en el suelo. Imagínate si no cómo podrías haber hecho la entrevista...
Q: Bueno, en realidad, no veo en qué se parece este guión a lo que llevamos de entrevista... en fin. Empecemos por Ralak.
R: Me parece lógico.
Q: Ralak es un noble bárbaro, venido de las tierras de hielo, al sur de Krynn. Es un lugar duro, en donde sólo sobreviven los fuertes. Sin embargo, los pueblos bárbaros que allí moran son mal vistos en todo Krynn. ¿Podrías decirnos por qué?
P: Bueno, a decir verdad...
Q: Perdona, Pitopausia, pero ahora le toca contestar a Ralak.
P: De acuerdo, de acuerdo. Pensaba que también os interesaba mi opinión.
Q: Ralak, por favor.
R: Es algo que yo nunca he entendido. Somos un pueblo honorable. Nunca faltamos a nuestros ancianos ni renegamos de nuestras costumbres. Supongo, que por eso los humanos nos envidian. Hablan mal de nosotros porque usan su lengua, como las viejas, y no la espada, como los hombres.
Q: ¿Y no crees que son precisamente esas costumbres, las que os dan tan mala fama? Según se ha registrado, muchas de ellas incorporan sacrificios humanos o la profanación de los cuerpos de los vencidos en batalla.
R: Eso es falso. Sí hay tribus que adoran a dioses malvados, pero no todos los bárbaros somos así. En mi tribu, los sacrificios humanos no son en honor a ningún dios malvado. Simplemente se hacen para que las otras tribus teman nuestra fuerza. Y nosotros tampoco profanamos a nuestros enemigos; sólo les destripamos y descuartizamos, como en cualquier otro ritual de caza. Un enemigo vencido merece que destruyamos su cuerpo para que su alma vuelva junto a su dios. A cambio, nosotros damos de comer su cuerpo a los animales y con los huesos fabricamos utensilios y pequeñas herramientas.
Q: Un poco macabro, ¿no?
R: No. Piensa que si el cráneo está entero, de él sale una magnífica taza. Los dientes, si no están podridos, lucen en magníficos collares como marfil. En cambio los huesos se usan cada vez menos, pero de ellos se suelen hacer agujas de muy buena calidad.
Q: Tienes razón, aunque, tal como lo explicas, vuestras costumbres son muy diferentes a las de las otras razas de Krynn. Incluso diferentes a las de otros pueblos bárbaros. ¿Podrías comparar a los bárbaros de las tierras de hielo con los demás pueblos bárbaros?
R: Eso es fácil. Los dioses crearon a todos los humanos para ser bárbaros. Pero casi todos ellos pronto lo olvidaron. En el norte y en el oeste, los humanos se creen ogros, viviendo en ciudades. Y luchan como cobardes, vestidos con armaduras de metal. En el este, los humanos se vendieron a Istar por unas cuantas baratijas de oro y ahora son peores que perros sin amo. Sólo nosotros seguimos honrando a nuestros dioses.
Q: También hay bárbaros en Abanassinia. Por ejemplo la tribu a la que pertenecen los famosos Vientodelrío y Lunadeoro.
R (resopla): ¡Vaya par de traidores! Una hija que desobedece a su padre, y un hombre que no es capaz de ganar un combate para reclamar el derecho a la mujer a quien quiere. Es otra prueba de que los bárbaros de las tierras de hielo son los auténticos.
Q: Dices que a los auténticos bárbaros, les gustan la sangre y la batalla. Podrías decir, según tú, ¿qué diferencia hay entre un bárbaro y un berseker?
R: Sí, eso es fácil. Un bárbaro es alguien como yo, y un berserker no sé lo que es.
Q: Sí, ciertamente. Quizá esta pregunta hubiese sido más acertada en otro plano de existencia. Una última cosa, Ralak: ¿Cómo podéis ser compañeros un bárbaro y un kender?
R: No sé qué quieres decir. Tú no sabes lo difícil que es deshacerse de un kender.
Q: Quiero decir, ¿que cómo habéis estado tanto tiempo juntos sin problemas?
R: Sí que hemos tenido problemas. Especialmente yo. No entiende que lo que es mío, es mío y no suyo. En mi tierra, a los ladrones se les cortan las manos y se las echa de comer a las orcas. Pero el resto del grupo insistía que no tenía que hacerle nada al kender, porque si quería recuperar lo que era mío, bastaba con pedirlo. No me acaba de gustar el sistema, pero también es cierto que un ladrón sin manos no es útil al grupo, y que como tampoco lo podemos echar, más vale que sirva para algo.
Q: Bien, y ahora pasemos a... ¿pero donde se ha metido el kender?
(Tras una intensa búsqueda de más de una hora, logramos encontrar al kender, decorando el portal planar con nuevas runas de su invención. Tras un coscorrón, logramos sentarlo de nuevo en su silla y seguir con la entrevista.)
Q: Pitopausia el kender. Además de su habilidad para estropear portales planares de un incalculable valor, es uno de los compañeros de viaje de Ralak en calidad de explorador.
P: Bueno, es que yo me aburría aquí sentado sin que nadie me dirigiese la palabra.
Q: Pero, ¿no eres consciente de lo difícil que ha sido encontrar un mago de nivel 18 a estas horas para que nos repare el portal?
P: ¡Vaya! ¿Nivel 18, de veras? ¿Y de qué color tiene la túnica?
Q: Pitopausia es también nativo de Krynn, nacido en el Hogar Kender.
P: ¡Hola a todos!
Q: No te va a saludar nadie. Esta entrevista se almacena en la bola de cristal para que la gente pueda leerla después.
P: Anda, yo creía que era una conexión en directo a nivel continental.
Q: No. Explícanos algo de tu tierra. Alguna cosa curiosa.
P: Bueno, mi país tiene muchas cosas que explorar, pero más tarde o más temprano deja de ser interesante. A mí me ocurrió a los 30 años. Por eso me fui a ver mundo. De verdad que es tan grande que no te lo acabas... Hay, por ejemplo, en el norte, una ciudad llamada Palanthus que...
Q: Entre las curiosidades del Hogar Kender, algo que siempre choca a los visitantes, es que todo el mundo allí vive con las puertas abiertas. ¿Por qué?
P: Bueno, pues para que no entre nadie en casa, por supuesto.
Q: ¿Cómo?
P: Sí, hombre. Lo primero que piensas cuando ves una puerta cerrada es qué habrá detrás, ¿no? Pero si está abierta ya lo ves y no entras.
Q: ¿Y no tenéis miedo de que os roben?
P: Para nada. Todo kender siempre lleva sus cosas de valor encima. Nunca sabes cuándo las vas a necesitar.
Q: Para aquellos que no estéis avezados en las costumbres kender, los kender normalmente llevan diversos saquillos en su cintura. En ellos guardan todas sus pertenencias. Su arma preferida, aquellos que la usan, es el hoopak, una combinación de vara y honda muy versátil y que emite un sonido molesto cuando se agita.
P: Sí señor. Este palito, como lo llama Ralak, es un arma formidable. (Hace el gesto de hacerlo vibrar y Ralak se lo arrebata.)
Q: Los kender a menudo tenéis problemas con la justicia. Os llaman ladrones.
P: Sí, y es un ultraje. Yo nunca he robado nada. Devuelvo todo lo que me encuentro, y encima me acusan de robar. Nunca me agradecen mi preocupación por los objetos de los demás.
Q: ¿Cómo encajas en tu grupo?
P: A la perfección. Hago de explorador y suministrador, cuando es necesario.
Q: Quiero decir, que, por ejemplo, Ralak tiene un sentido de la propiedad muy diferente al de los kenders en general.
P: Sí, es cierto. Me ha acusado de ladrón un par de veces en público, pero ya no lo volverá a hacer más.
Q: ¿Por qué?
P: Las dos veces que lo hizo, los guardias le arrestaron a él también, así como al resto del grupo. Yo pude escaparme las dos veces, por suerte, y les rescaté de la cárcel.
R: Sí, a veces los lugares "civilizados" tienen un sentido de la justicia retorcido. Apresan no sólo al ladrón, sino también a todo el grupo. Por ser cómplices, dicen. ¡Bah!
Q: Por favor Ralak, no escupas en el suelo.
P: Oye, la bola de cristal está cambiando de color.
Q: Sí, eso es que pronto acabará el espacio de tiempo para la entrevista. ¿Pero qué tiene que ver esto con mi guión? Pitopausia, por favor, no toques la bola y siéntate.
P: Nunca había visto algo tan curioso, pero mira, que sí la toco... Ups, cambia de color.
Q: Por favor, ya falta poco. ¿Podremos acabar la entrevista en condiciones?
P: sí, claro, pero mira, qué liviana que es la bola.
Q: Por favor, deja la en su sitio.
P: Ahora mismo, ahora mismo. Caray cuánta urgencia, si total, la bola lo registra todo igual, ¿no? Uy ¡¡¡que se resbala!!!

Ya habéis visto que la entrevista no podía dar más de sí. La rotura accidental de la bola de cristal impidió que nos narrasen cómo consiguieron infiltrarse en el campamento áuriak. Próximamente hablaremos sobre draconianos, no os preocupéis. Nada más, hasta el mes que viene.
Todo lo que necesita un elfo para vivir en el siglo XXI
Querdelf Mayo 2004